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De manera lenta pero progresiva, la cultura del trabajo seguro se va imponiendo en nuestra sociedad. De la misma forma que ya nos parece lejano y primitivo no contemplar los efectos nocivos del humo en entornos sociales, es cada vez más infrecuente asumir comportamientos irresponsables en el trabajo. Buena parte de ello es debido a la presión legislativa y regulatoria de los últimos 20 años y a las numerosas campañas de sensibilización.

Por otra parte, parece bien claro que existe una correlación entre el liderazgo económico de las sociedades y su cultura preventiva en el trabajo. No es casualidad. Los costes sociales de los incidentes, accidentes o emergencias pueden llegar a ser muy notables y, cuando una sociedad se ocupa de la seguridad de sus ciudadanos, también está indicando su grado de madurez. Por tanto, las organizaciones y sociedades avanzadas cada vez invierten más recursos en la prevención en seguridad.

A pesar de la evolución en la gestión preventiva, una vez ocurren los accidentes, los mecanismos de actuación todavía son, en la mayoría de casos son algo primitivo, excesivamente burocrático y poco efectivo. Es decir, han existido avances importantes en Seguridad Activa pero se sufren retrasos en Seguridad Pasiva.

¿Qué sucede cuando un accidente se produce?

En buena parte de los casos, la improvisación y el sentido común se imponen. Pero, ante tales situaciones, la respuesta está poco sistematizada y todavía menos especializada. Cada caso es distinto. Además, es una situación poco habitual para el no profesional.

Existen los Planes de Emergencia, pero estos acostumbran a ser burocráticos y frágiles. Un pequeño cambio en cualquiera de los componentes del plan, como un teléfono de contacto, puede invalidarlos. Y siempre, revisando y formando a todos. Además, sería necesario disponer de la capacidad de decisión y conocimientos de un verdadero profesional en el mismo lugar del accidente para asegurar la máxima eficacia.

Es aquí donde la tecnología tiene un papel fundamental para asegurar una rápida y adecuada intervención para cada caso.

Seguridad Activa vs Seguridad Pasiva

Como sabemos, la seguridad activa aplicada a un vehículo la componen aquellos elementos que contribuyen a proporcionar una mayor eficacia y estabilidad al vehículo en marcha y, en la medida de lo posible, evitar el accidente: sistema de dirección, suspensión, neumáticos y adherencia, iluminación, etc. Por otra parte, la Seguridad Pasiva del vehículo corresponde a los elementos que reducen al mínimo los daños que se pueden producir cuando el accidente es inevitable: cinturones de seguridad, airbags, chasis y carrocería, etc.

Cuando hablamos de cualquier puesto de trabajo en general, podemos decir que la primera procura evitar el accidente y la segunda protege en caso de accidente. Sin embargo, existe un tercer elemento relacionado con la seguridad: todo lo referente con el accidente en sí. Cuando el accidente es un hecho, se debe actuar. Y, según la rapidez y eficacia de la actuación, se marca la diferencia entre la vida y la muerte. De ahí conceptos como alerta temprana, equipo de intervención inmediata, ambulancia, dotación medicalizada, etc. El reto es la rapidez y su eficacia: “La hora de oro”.

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Emergencia: la diferencia entre buscar ayuda o que ella te encuentre

Cuando un accidente ocurre, independientemente de los elementos de seguridad activa y pasiva previstos, conviene actuar. Rápido y con eficacia. Aquí también la combinación entre previsión y tecnología ha mejorado notablemente: protocolos, coordinación y comunicación además de personal altamente profesional han permitido que la respuesta sea cada vez más rápida. Pero sigue existiendo un problema que impiden mejoras de calado: la otra mitad del trayecto. Es decir, desde el momento en que el aviso es recibido por un centro de emergencias, las mejoras en respuesta son ya difíciles de mejorar de forma significativa.

Pero entonces ¿Qué ocurre antes de que el aviso llegue al centro de emergencias? Nervios, desorden, desorientación e incluso pánico. Manuales de emergencia burocráticos, errores, respuestas de bloqueo personal, nadie encuentra nada… Todo ello es escenario habitual del accidente. Es natural. Los que asisten son testigos presenciales y no profesionales de la emergencia. Testimonios ocasionales que intentan actuar lo mejor posible. Pero, por mucha que sea la formación recibida, no están preparados para ello. Consecuencias: desorientación, descoordinación e incluso actuaciones peligrosas para el accidentado son habituales. Y tiempo, mucho tiempo perdido. Que acaba agravando la situación.

¿Si existiera una solución detecte de forma automática las situaciones de emergencia?
¿Y si, además, contacta con personal perfectamente entrenado para estas situaciones?
¿Sería posible no buscar ayuda, sino que la ayuda te encuentre? Y, además, al instante.

Los sistemas para el trabajo solitario u hombre-muerto

Su origen

Se entiende por trabajo solitario: “realización de tareas individuales fuera del campo de visión o audición de otras personas, durante más de unos minutos”, no siendo posible establecer contacto con otras personas si no es a través de medios tecnológicos (teléfono fijo o móvil, cámaras, micrófonos, dispositivos de alarma, etc.), suponiendo esta condición de soledad, un factor determinante para la existencia de riesgos.

Diseñados para atender situaciones de emergencia en el trabajo solitario, o puestos sometidos a los mayores riesgos, para el propio trabajador o los demás, inicialmente estos dispositivos aparecen en el sector ferroviario como elementos de parada automática y alerta. Son sistemas mecánicos o eléctricos que pueden detener un convoy ferroviario o maquinaria y alertar por tiempo o control periódico de presencia, si el conductor sufría algún problema. La vida de mucha gente dependía de él. Posteriormente, los sistemas se fueron sofisticando para que, además, pudieran ser equipos móviles y no vinculados físicamente a una máquina o instalación. Sin embargo, hasta hace muy poco los sistemas móviles han sido caros o poco fiables, complicados de configuración y uso, además de pesados e incómodos.

Legislación actual

Debemos indicar que no existe legislación específica al respecto, pero si la genérica. Tan sólo se cuenta con un criterio técnico desarrollado a través de una Nota Técnica de Prevención, concretamente la NTP 344 sobre “Trabajos en situación de Aislamiento”, elaborada por el Centro Nacional de Condiciones de Trabajo.

Sin embargo, la Ley de prevención de riesgos laborales aunque genérica es lo suficientemente clara para obligar a identificar y controlar cualquier tipo de riesgo durante la jornada laboral.
Por lo tanto, aquellas personas que ejercen su labor en esas circunstancias, se encuentran en una situación ya de por sí peligrosa. Si sufren un accidente de trabajo o enferman por cualquier otra causa, no tienen la posibilidad de ser atendidas de inmediato. Simplemente porque nadie ve ni oye el suceso. Este hecho puede llegar a ser decisivo para su salud, y hasta para su vida, por lo que la obligación de la empresa es identificar, controlar y actuar en dichas situaciones.

Exposición a riesgos

La Norma NTP 344 define los “Trabajos en situación de Aislamiento”, según el tipo de actividad, y cuáles son las normas de seguridad que una organización debe seguir:

  • Trabajos en silos, en el interior de depósitos, con aire comprimido, sobre instalaciones de vías férreas, trabajos forestales con peligros especiales, o trabajos en máquinas con riesgos de atrapamiento etc., es decir, en espacios confinados no deben realizarse nunca por una sola persona. Incluso, se debe proporcionar comunicación para casos de accidente.
  • Los trabajos de transporte con grúas o carretillas de Manutención y rondas de control en grandes superficies se deben realizar a través de un dispositivo de alarma.
  • La vigilancia o conductor de máquinas de fabricación o trabajos efectuados sobre instalaciones técnicas en servicio particular, como son engrase o limpieza etc., se deben hacer bajo vigilancia periódica a través de una segunda persona o con dispositivo de alarma.

Por otro lado y ya de manera más genérica, la Ley de prevención de riesgos laborales en su Artículo 20 “Medidas de emergencia”, establece como una de las obligaciones del empresario la adopción de medidas necesarias en materia de emergencia, primeros auxilios, lucha contra incendios y evacuación de los trabajadores, designando para ello al personal encargado de poner en práctica estas medidas y comprobando periódicamente, en su caso su correcto funcionamiento. Por lo tanto,si la empresa no ha tomado ningún tipo de medida al respecto, se la considerará responsable de las consecuencias, tanto de los trabajos aislados, como en los que hay más de un trabajador.

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Trabajador solitario o trabajador indefenso

Trabajador solitario y Norma NTP 344

¿Qué ocurre cuando un trabajador tiene algún incidente en una situación solitaria? Que el riesgo se incrementa de manera muy notable. El trabajador está desamparado y no puede esperar ayuda. Es mucho más vulnerable. Es decir, por falta de atención, un incidente puede devenir accidente o el accidente en muerte.

Asimismo está sobradamente demostrado que el trabajador solitario tiene una mayor carga de estrés debido, precisamente, a la propia percepción de vulnerabilidad. Y esto repercute en irritabilidad, errores frecuentes, bajas laborales y, en general, peores condiciones laborales.

Trabajador indefenso y riesgo oculto

Las evaluaciones de riesgo tienen en cuenta la carga de riesgo individualizada para cada puesto de trabajo. Y, prácticamente cualquier actividad profesional, tiene tiempos de actividad solitaria. O bien por que la persona está sin compañía física o, aún acompañada, no tiene acceso a socorro, según define la norma NTP 344: por falta de visibilidad, ruido, grandes instalaciones, cambios de turno, guardias, extensión de horario, descansos, etc.

Paradójicamente, un puesto de trabajo con las medidas de prevención correspondientes, puede haber reducido su riesgo específico, pero, al no tener en cuenta la situación de desamparo, puede seguir manteniendo un riesgo latente muy importante.

Es decir, si aceptáramos que, prácticamente cualquier puesto de trabajo, en mayor o menor medida, ocupa parte de su tiempo en trabajo solitario o condiciones equivalentes como falta de visibilidad, ruido, cambios de turno, movilidad interior, etc. podemos decir que:

1. En caso de incidente o accidente solitario, el riesgo se multiplica de forma muy importante.
2. Que una mayoría de los puestos actuales cumplen condiciones solitarias de forma temporal o permanente. Y en crecimiento, por la evolución en la autonomía del trabajador.
3. Es cuestión de tiempo que coincidan el accidente y la situación solitaria ¡Sin estar previsto en la evaluación!.

Trasladado a sus consecuencias prácticas,

  • Cuanto mayor sea la plantilla o mayor sea el tiempo acumulado de la actividad, más probabilidad de incidente o accidente existe con el trabajador indefenso.
  • Además, el factor de desamparo, actúa como multiplicador de gravedad.
  • Si, además, la legislación obliga a identificar, prevenir, controlar y actuar ante cualquier accidente, dado el caso, el responsable de prevención o el representante legal de la empresa y la propia empresa, además de ser testigos de un infortunio, pueden enfrentarse a un problema legal

Tecnología disruptiva que lo cambia todo

La aparición de los smartphones ha supuesto una auténtica revolución: comunicación, informática, óptica, sensores, redes y, en general, la integración de la última tecnología a precio de electrodoméstico. Equipos que permiten desde la telefonía móvil o mensajería, hasta soluciones técnicas y de ocio que aprovechan toda su tecnología para actividades dispares como registrar las constantes vitales, medir el volumen de una habitación o simular el pilotaje de un helicóptero. Es decir,disponemos de una plataforma tecnológica potentísima en el bolsillo de cualquier persona del mundo. Y esto está transformando nuestra manera de vivir y está empezando a hacerlo con nuestra manera de trabajar.

Si advertimos como normal que un smartphone tome fotos e instantáneamente se puedan recibir en cualquier lugar del mundo, que escuchemos una canción y nos proporcione su título y autor además de ofrecer precio y opción de compra, que avise cuando nos olvidamos el terminal y nos señale su lugar, etc.

Ahora también es posible instalar en cualquier smartphone una solución con:

  • Identificación automática de situaciones de emergencia.
  • Solicitud de socorro de forma autónoma, a través llamada y mensajes.
  • Ubicación precisa del accidentado y sus condiciones.
  • A un precio entre 5 y 10 veces menor a la tecnología vigente, cumpliendo la norma NTP 344 y con una precisión, prestaciones y simplicidad de uso superiores.

 

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Disponer de ayuda instantánea donde antes había nervios, desorden y riesgo. Reducir radicalmente los tiempos de intervención o permitir la atención racional de un profesional en el lugar de los hechos ya es posible. Y, además, a un coste que lo hace accesible a plantillas completas, al precio de los guantes o del calzado.

¿Cómo no va a aprovechar una oportunidad así el sector profesional con ésta u otras soluciones? Únicamente se requieren soluciones con un enfoque profesional, simples y muy efectivas. Ya están aquí, demostrando lo útil y económico que es proteger a toda una plantilla. Simplificando y simplificando de manera notable la gestión a los técnicos de prevención. Y no solo eso, transformando el modo en que nos relacionamos con el riesgo y la emergencia. Sistemas inteligentes, autónomos, soluciones instantáneas y localización precisa que permite cambiar de paradigma: se pasa de la búsqueda de ayuda en caso de accidente, a que la ayuda encuentre al accidentado. Y de forma instantánea.

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